Podría hacer un mini resumen de mi autobiografía. Algo convencional capaz de contar quien soy o quien he sido. O mejor, un texto capaz de impresionar a quien por casualidad aterrice en esta pestaña.
Pero no voy a hacerlo. No hay nada en mi pasado que me haga tan especial o diferente como para soltarme la lengua aquí.

¿Tuve una vida antes de Marita? A veces me cuesta responder…

Pero sí, la hubo.

No fue hace tanto. Sin embargo lo recuerdo como si en lugar de haberlo vivido en primera persona, me lo hubieran contado.

Digamos que fui un millónIMG_5008 de cosas antes de que Marita fuese mayor de edad. Digamos que fui formal. Que estudié dos carreras y que me llovieron siempre los trabajos. Digamos que fui convencional y española de casta, que tenía buenos ingresos pero era manirrota de cartera. Digamos que cambié de trabajo y de ciudad todo lo que pude y más. Me aplicaba alguna filosofía al uso y me decía “la vida da muchas vueltas, si no te mareas, es que lo estás haciendo bien”.

 

Ahora sé que en realidad huía de cada amenaza de estabilidad. Me asustaban los “para siempre”. Me espantaba la idea de que eso fuera todo. Cada vez que cambiaba mi vida 180 grados sólo me llevaba conmigo una cosa. Una sola obsesión: EL PASO DEL TIEMPO. Sentía que se me escapaba como la arena entre los dedos. Como si por momentos mi reloj de arena interno fuera más veloz que la vida real que transcurría fuera. ¿Estaba realmente exprimiendo mi tiempo lo mejor posible?

Y salía corriendo.

reloj Marita&me

Nunca supe responder. Pero esa pregunta se hacía cada vez más y más frecuente. Venía a mi mente en la ducha, en el metro, en la cama, entre cervezas o sentada delante de un cliente. Se convirtió en algo recurrente. Lo impregnaba todo. Y un día, antes siquiera de que sonara el despertador, abrí la mente en lugar de los ojos. Creo que esa fue la primera vez que Marita alzó la voz, en lugar de susurrar, para decirme “es el momento”.

Ese día empecé a escucharla. A valorar el silencio. A escribir pensamientos. A garabatear ideas y dibujos sobre la misma hoja de un viejo cuaderno. Empecé a pensar en voz alta, a ensoñar, a diseñar, a tararear, a viajar, a veces incluso sin salir de casa.

Cambié. No sé si por mí o por las dos, pero lo hice. Entre las dos rompimos todas las reglas y prejuicios que había acumulado en veintisiete años de vida. Enviamos al contenedor azul todas las autonormas, tantos “yo siempre, yo nunca”. Me regaló los permisos que no me habían dado hasta entonces, para ser tan loca y apasionada como se me antojara. Me convenció de que no es ningún pecado capital no saber si hoy es domingo o martes. “La vida es una”, me repetía constantemente. Y así, consiguió que cogiera las riendas de la mía.

 

La vida es una

 

Marita me reinventó. Me hizo fuerte. Me obligó a hacerme benevolente conmigo misma y a recoger toda la arena que había corrido cuasi volátil en mi reloj y darle una forma perdurable en el tiempo.

Pasamos algunos meses de reflexión al sol. De risas y sabias lecciones. Días a cero. Borracheras de autoanálisis. Introspección. Resacas de ideas. Dolores de cabeza y autoestima dolorida. Metamorfosis. Reseteo de convencionalismos. Idas y venidas. Autocorrecciones. Horas de “recalculando ruta”.

 

horas de recalculando ruta

 

Para cuando esas semanas de luz pasaron, ya teníamos las primeras piezas diseñadas. De cada viaje tomábamos un recuerdo y de cada momento una inspiración. Cristalizamos las emociones de cada paisaje. Atrapamos las sensaciones de cada lugar. Cada uno de los diseños que hoy creamos, es un instante de tiempo vivido.

 

instantes de tiempo vivido

 

Hoy sé que este viaje no ha hecho más que empezar. Lo fantástico es que no tenemos prisa por llegar a ningún sitio. Ya no siento que se me escapa el tiempo. Y mi reloj de arena vuelve a estar en equilibrio. Marita es la mejor compañera de viaje que se pueda tener. Ella, es mi yo espontáneo elevado a la enésima potencia. Es alocada, decidida, pasional y sobre todo, libre. No es perfecta, ni yo lo soy. Sin embargo sé que lo daría todo por mí, y yo por ella.

Y para Marita & me, con eso basta.

 

para Marita&me, con eso basta

 

no creamos joyas, atrapamos momentos de inspiración

 

 para Marita&me, con eso basta